Montevideo - Escuchando la radio, mirando la TV o leyendo algún diario, estar enterado de lo que le sucede al mundo no parece ser una buena terapia porque las noticias son más noticias si son malas.
Los homicidios o cualquier tipo de muerte violenta atraen mucho más la curiosidad humana y con ello se retroalimenta un sentido o una lógica perversa y dañina. Está claro que en Montevideo ni en ningún lugar del mundo hay sitio seguro, ni siquiera los hogares lo son porque la violencia doméstica y los abusos sobre menores o nuestros queridos viejos siempre están a la orden del día. Desde siempre.
Sin embargo hay esperanzas.
El otro día el Flaco Castro en el programa El Candelero (Radio Nacional) se alarmaba ante una de las tantas noticias espeluznantes surgidas de alguna parte del mundo y recordaba que alguien dijo alguna vez que de tener la posibilidad de vivir de nuevo, se negaría. No obstante ello y a pesar de todo lo malo y grave que sucede en el mundo, continuó, "no estoy de acuerdo con no volver a vivir, ¿saben por qué?, porque en mi quinta nació el primer tomate", contó. Una razón simple, la más sencilla de todas para querer y abrazar lo más complejo que tenemos los seres humanos que es la vida y el vivir.
"Hay que vivir" dice uno de los tantos relatos que nos dejó El Sabalero, resguardándose en el amor que es más complejo que un tomate simple y sencillo.
Santa Teresita del Niño Jesús encontraba la explicación a sus dudas en una pequeña flor de campo que el viento sacude y dobla sin piedad. La Santa Madre Teresa de Calcuta encontraba su razón de ser en la solidaridad expresada de la forma más generosa que la humanidad conoce, renunciando a todo en bien de lo demás.
Sobran los motivos y las razones para vivir nos rodean aunque opacadas por las malas noticias que nos lanza el televisor y que siempre llegan más rápido y golpean más fuerte.
La vida está llena de olores positivos, gestos bondadosos, porque está en la naturaleza del hombre hacer el mal pero también está hacer el bien y su capacidad de bondad es más poderosa que la de la maldad. Ocurre que el mal es escandaloso y el bien sincero es silencioso, no sabe de estrépitos ni avasallamientos.
Por eso no entiendo los suicidios de Kurt Cobain, Baltasar Brum, Robin Williams ni de ninguno que haya tomado ese camino; tampoco el suicidio del joven que vivía aquí cerca de mi casa en una vivienda humilde sobre una calle de balastro y que por amor se pegó un tiro en la frente. No los entiendo ni los juzgo, pero me estremecen, me enojan porque no puede ser que no tuvieran una planta de tomates ni un helecho creciendo en una grieta de la pared...
Levanto la vista y veo a una muchacha joven empujando un cochescto de bebe y su panza enorme anuncia la inminente llegada de un nuevo ser. Respiro aliviado porque hay motivos para creer y seguir viviendo.
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