Menos patético pero sí muy grave es que se trata de una entrega. Al parecer los autores integrarían un grupo de narcotraficantes en guerra con otro para el control de la zona. Pues bien, si el asalto fue entregado la única posibilidad es que el informante sea un militar, de cualquier grado, lo que evidenciaría que el narcotráfico se ha infiltrado en las filas del Ejército.
Montevideo – No hay límites para la delincuencia, algo que varios sospechamos o creemos desde hace mucho tiempo y que cada jornada se confirma…, pero ocurrió lo que nunca imaginé como posibilidad aunque sí sé que ha ocurrido en otros países de América Latina: el asalto y robo de armas de un batallón del Ejército Nacional.
Efectivamente, ha sido noticia que el miércoles 6 en horas de madrugada, como regalo de Reyes, fue asaltado el Batallón de Infantería N° 1 (barrio Punta de Rieles), del que sustrajeron dos fusiles de asalto, una potente arma de guerra que no se encuentra en el mercado negro, sí en los cuarteles militares.
El hecho es gravísimo en sí mismo, pero también por lo que significa.
En primer lugar, es difícil considerar que una dependencia militar pueda ser tan vulnerable que robarla sea una tarea posible y hasta sencilla. Cuando la delincuencia arremete contra toda la población no es posible que aquellas unidades que manejan material sensible como armas no evalúe la posibilidad de sufrir un ataque como el sufrió el Batallón de Infantería N° 1. Los servicios de inteligencia y seguridad del Estado deberían haber considerado esa eventualidad.
Segundo, se ha informado que el robo pudo haber sido entregado ya que los delincuentes sabrían que los soldados responsables de la vigilancia del lugar tenían los fusiles descargados. Esto último es realmente patético, propio de un cuento surrealista… Una base militar debería ser uno de los lugares más seguros de cualquier país, pues bien en Uruguay no es así.
Menos patético pero sí muy grave es que se trata de una entrega. Al parecer los autores integrarían un grupo de narcotraficantes en guerra con otro para el control de la zona. Pues bien, si el asalto fue entregado la única posibilidad es que el informante sea un militar, de cualquier grado, lo que evidenciaría que el narcotráfico se ha infiltrado en las filas del Ejército.
Dicho de otra forma, si en algún momento el Poder Ejecutivo decide acudir al Ejército para combatir el narcotráfico, como ocurre en otros países, ya está avistado que en sus filas hay gente capaz de vender información, seguro que a muy bajo precio.
He hecho tal vez sirva para que de una buena vez por todas se entienda que así como están las cosas la delincuencia no se detiene ante nada, ni siquiera ante un cuartel militar.
La pregunta es, ¿qué dejar para la población civil, pacífica y desarmada?

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