Es una certeza universal que cuando las cosas comienzan
mal, terminan mal. La interna del Frente Amplio parece sufrir esa máxima como
nunca antes debido al mal manejo que hizo respecto al ex vicepresidente Raúl
Sendic, a quien le permitió salir por la puerta chica y en puntas de pies cosa
de no hacer mucho ruido y no evidenciar lo que ahora todo el país ve no solo en
Sendic, también en el senador Leonardo De León: la corrupción instaurada como
método de acción.
Desde su fundación en 1971 a la fecha el Frente Amplio ha
debido enfrentar varias situaciones difíciles, pero tengo la impresión que nunca
una del tipo y en las circunstancias como la de estos días, lo que hace que la
actual crisis sea especialmente grave y coloque al conglomerado político en un
estado de vulnerabilidad muy delicado.
Sucede que las instituciones, cuando son cuestionadas o atacadas
desde afuera, suelen compactarse y aferrarse a todos aquellos elementos que las
hacen fuerte, pero cuando los cuestionamientos se hacen desde el interior por
acciones equivocadas de sus referentes y hasta hace poco promesa de renovación
como en un momento lo fue Sendic, se ingresa en un camino que de no ser
correctamente asumido y manejado, termina convirtiéndose en una fuerza negativa
mucho más grave y destructiva que los golpes que se reciben desde afuera.
Desde hace muchos meses Sendic, Deleón y la Lista 711
ocupan lugares informativos privilegiados con una exposición negativa que los
vincula de forma directa con hechos de corrupción, mal manejo de los dineros
públicos, despilfarros, mentiras y todas esas cosas que deberían ser
imperdonables en un gobernante.
Atado a Sendic, Deleón y la Lista 711 está todo el Frente
Amplio ya que se trata de dirigentes relevantes y referentes de una agrupación que
en las elecciones pasadas tuvo un crecimiento llamativo.
El dilema del Frente Amplio se genera a partir del
momento en que erró la estrategia. Creyó que aceptando la renuncia de Sendic a
la Vicepresidencia y no permitiendo el juicio político a Deleón superaba el
tema. Además en la interna frentista hubo quienes en un error político
imperdonable creyeron que pateando la responsabilidad hacia adelante llegaría
un momento en que la tormenta cesaría. No fue así. La opinión pública continuó prestándole
mucha atención al tema y la tormenta se agravó. Al fin y al cabo se trata de
algo tan grave como corrupción.
Cuando el FA comprendió el brete en el que ingresó,
varios de sus dirigentes y los precandidatos se han visto obligados a
pronunciarse buscando apartarse de los dirigentes cuestionados y acusados. Hoy nadie
quiere sacarse una foto con nada que tenga algún vínculo o relacionamiento con
Raúl Sendic. Le huyen como la peste, y lo quieren bien lejos.
Lo grave de esto es que el FA llega a esa situación por
su propia inacción. Si hubiera actuado cuando todos nos enteramos del desastre
Sendic, hoy podría ufanarse de haber sido implacable con la corrupción. No lo
hicieron.
Ahora, cuando comienzan los cálculos político/electoral,
el FA se ve obligado a hacer algo que lo haga zafar de su responsabilidad
institucional. No lo hacen porque la corrupción es negativa y mala para ellos
mismos y para el país, lo hacen porque la campaña electoral se les viene encima
y ese es un tema que, ahora se dan cuanta, deben tener resuelto para evitar ser
golpeados por la oposición.

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