jueves, 8 de noviembre de 2018

Ausencia del Estado en una Montevideo desconocida


Salió en todos los titulares, el operativo Panizza realizado por la policía en las últimas horas en el barrio Cruz de Carrasco próximo al cruce de Cno. Carrasco y Av. Bolivia, desnudó una realidad desconocida por todos los uruguayos, a excepción de quienes allí viven.

Cientos de ciudadanos pasan cada día por el cruce mencionado ignorando que a pocos metros se constituía, dentro de la ciudad, una suerte de gueto en el que mandaba una familia de delincuentes con la autoridad y los códigos propios de las mafias: la extorción, las amenazas, la violencia. Y lo peor es que durante años la policía ni ningún otro un organismo del Estado tomó cartas en el asunto. No lo hicieron porque ignoraban lo que allí sucedía, o sabiéndolo optaron por no actuar. Cualquiera de las posibilidades es muy grave.
Parroquia Cruz de Carrasco, símbolo de la zona.

Según los partes policiales y las crónicas periodistas, la policía ingresó a la zona armada a guerra e incautó drogas, armas y hasta caballos. Además detectó que las calles estaban obstruidas con construcciones irregulares e ilegales, casi 70 viviendas construidas ilegalmente en espacios públicos, incluso con columnas del alumbrado público dentro de las mismas, viviendas en una ex policlínica y también en un edificio que estaba destinado a ser una escuela pública.

El jefe de la Zona Operacional II  Alfredo Rodríguez dijo que en la barrio las calles están cortadas, “no se permite el tránsito de vehículos, a esos lugares es imposible ingresar la asistencia policial o el servicio médico”.

Los delincuentes “fueron ganando espacios hasta llegar a una senda que solo es transitable caminando. La idea es reinstaurar la autoridad policial y administrativa, de UTE, OSE y Antel”, afirmó.

EL ESTADO AUSENTE.

Como ocurrió en Casavalle, otro barrio montevideano en el que la delincuencia echó raíces y el Ministerio del Interior tuvo que accionar con fuertes operativos para volver a tomar el control de la zona, la Cruz de Carrasco dejó en evidencia que en Montevideo, con sólo un millón y medio de habitantes y una extensión geográfica verdaderamente pequeña, hay zonas en que el Estado está ausente.

Parece claro que no se cierran calles, no se interviene sobre las instalaciones de UTE y OSE, no se construyen viviendas irregulares en espacios públicos, en una policlínica o en un predio destinado a la construcción de una escuela pública, de un día para el otro.

Tampoco se extorsionan familias hasta obligarlas a abandonar sus casas ni se toma el poder absoluto de un barrio en una semana. No, nada de eso se logra en días ni en semanas, debieron pasar años para llegar al actual estado de situación.

Años en que el miedo y la pérdida de confianza en los organismos públicos se fueron acumulando. Años en que una y otra vez, una y otra familia, debieron haber denunciado ante el Ministerio del Interior, el Mides, la Intendencia, etc. lo que estaban pasando, sin que nadie hiciera nada. Años sumando frustraciones, años de descreimiento en el orden establecido porque el orden y la autoridad para ejercerlo acabaron diluyéndose en medio de la incompetencia de quienes tenían y tienen la obligación de actuar en situaciones como estas cuando comienzan a darse.
La policía armada a guerra en el operativo Panizza (El País)

“Fueron ganando espacios”, dicen las autoridades para explicar por qué un barrio entero se aisló de la sociedad y se convirtió en tierra de nadie.

La pregunta es cuántos Casavalle y cuántas Cruz de Carrasco más hay, en Montevideo y en otros departamentos del interior. Cuántas familias sufren la presión de la delincuencia organizada que se adueña de propiedades y de vidas humanas. Cuántos niños y adolescentes crecen y se forman bajo códigos del terror, de que la vida que no vale nada, de los derechos adquiridos a la fuerza y con violencia.

No tengo dudas de que en Montevideo hay más zonas desconocidas donde pasan cosas impensables. Pero nadie ni nada llega a una situación así salvo que quienes deben actuar para dar seguridad, garantizar el respeto mutuo y hacer valer las normas de convivencia básicas, no cumplan con sus obligaciones mínimas.

La delincuencia no nace y crece de forma espontánea, hay razones  sociológicas, económicas, educativas y sicológicas que la explican. Una de ellas es la ausencia de autoridad, la ausencia de los organismos que la propia sociedad creó para su protección, o sea el Estado. Si los responsables de éste no hacen lo que deben hacer pasan cosas como las hoy salen a luz, y los que siempre pierden son los ciudadanos de bien.

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