Termina una semana que estuvo marcada por los incidentes
protagonizados por el ministro del Interior Eduardo Bonomi que quiso ocultar
con su cuerpo y a fuerza de empujones una pancarta de dos trabajadores
tabacaleros en la que exponían algo tan básico y lógico como su deseo de trabajar.
La desinteligencia y la actitud patotera de Bonomi sustentada
en su condición de jerarca del gobierno arruinaron lo que pudo haber sido una
jornada altamente positiva para el gobierno y el Frente Amplio.
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| Ministro del Interior Eduardo Bonomi. Captura YouTube. |
“Basta de presión. La familia tabacalera quiere trabajar en paz”, fue el texto que se convirtió en el protagonista desplazando los discursos y las inauguraciones para las que el propio presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez y todos sus ministros se trasladaron al lugar.
Si lo ocurrido en Artigas fue bochornoso y grave, lo que
vino después fue peor: la detención de los trabajadores, la publicación de los
antecedentes penales de uno de ellos, y las increíbles declaraciones de la
vicepresidente Lucía Topolansky, el propio Bonomi y la precandidata oficialista
y ministra Carolina Cosse que negaron los hechos y contradijeron con sus
relatos lo que todo el país vio a través de las cámaras de televisión y las redes
sociales.
“El ministro no empujó, lo empujaron”, afirman cuando lo
que sucedió fue todo lo contrario. No solo mienten sino que lo hacen sabiendo
que el pueblo entero está viendo por sí mismo lo que sucedió en realidad.
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| La pancarta de los tabacaleros. |
Pero lo más increíble es que todo surge porque el
ministro Bonomi intenta tapar una pancarta que no tenía ninguna alusión
agresiva para con el gobierno, solamente intentaron exponerla y quisieron
hacerlo delante y contra el suelo para que las autoridades pudieran ver su
reclamo.
Todos entendemos que los productores de tabaco están
enfrentando una realidad compleja por las políticas antitabaco que lleva a cabo
el gobierno. Todos entendemos que es una política positiva porque el tabaco nos
enferma y a nadie se le ocurre dar marcha atrás. Por lo tanto, si el ministro
del Interior no hubiera empujado a los trabajadores la pancarta habría sido una
anécdota que muchos ni siquiera habrían visto y otros olvidarían rápidamente.
Pero fue la actitud patoteril del ministro lo que hace
que el reclamo de dos tabacaleros tome relevancia, la que luego fue amplificada
por la detención y las declaraciones de otras figuras de gobierno que niegan
los hechos que fueron evidentes.
En la semana se ha escrito y dicho mucho por actores de
gobierno, políticos, periodistas, y la gente en general a través de Twitter y
Facebook. Entre los comentarios hay muchos que expresan que todo se explica en
el nerviosismo de un gobierno que no tiene ideas y que siente que está en su
etapa final y sin capacidad de reacción. Es probable sí, pero de lo que no
queda dudas es que las desinteligencias de los gobernantes pueden tener
consecuencias muy graves para los intereses del gobierno porque el impacto positivo
que se esperaba tener con los actos del lunes 26 se redujo a un bochorno
horrible: un boomerang llamado Bonomi.


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