En la escuela le dijeron que llegaría
el Papa. No sabía quién era, o sí porque lo había visto por
televisión cuando sus abuelos miran las noticias, pero ignoraba cuán
importante era aquel hombre vestido de blanco y de gesto bondadoso
que daba la impresión de que todo estaba bien.
La maestra dijo que a fines de
setiembre, justo cuando empieza el otoño, el Papa llegaría a Cuba.
Eso le pareció bueno. Aunque Cuba es un eterno verano, le gustaba el
otoño, había aprendido a quererlo gracias a su abuela que recitaba
de memoria cientos de poesías dedicadas a esa estación del año.
La maestra dijo también que el coro
de esa escuela había sido designada por el propio Raúl Castro para
cantar el himno del Vaticano, estado del que el Papa es su
gobernante, y eso implicaba un compromiso para Arian porque era parte
del coro escolar.
La noticia de la llegada del Papa
revolucionó a la familia, especialmente a los abuelos de Arian, que
en sus años de juventud habían sido bautizados, recibido la Primera
Comunión y estudiado en un colegio jesuita luego cerrado por la
Revolución y convertido en un hospedaje para estudiantes del
interior que llegaban a La Habana para culminar sus carreras o
perfeccionar sus conocimientos.
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| El Papa en Cuba. Foto de Cuba Debate |
A sus padres en cambio lo que más le
alegraba era que el propio Castro eligiera el coro de la escuela y
que Arian, el menor de sus dos hijos, cantara en un acontecimiento
para el cual Cuba entera se estaba preparando.
La alegría de la familia no tenía
ningún perfil político ni reparaba en ningún proceso de apertura
como se escuchaba a veces en las conversaciones informales. En los
abuelos obedecía al renacer de una llamarada de fe adormecida que
nunca se había apagado del todo.
Arian no entendía nada de reapertura
ni fe, pero le parecía fabuloso cantar frene al presidente, el Papa
y la televisión.
“La maestra dijo que tenemos que ir
fuera de hora para ensayar”, dijo el niño con emoción recibiendo
el apoyo de sus padres y abuelos. “Tenemos que ensayar mucho porque
tiene que salir bien, van a estar muchas personas importantes..., y
dijo que nos verán en todo el mundo por televisión o Internet”.
La familia de Arian no conocía el
Internet más que a la distancia. En Cuba la conexión es mala y
cara, y esa combinación en un país pobre hace que sea fatal. Pero
aquellos que tienen acceso podrían seguir la trasmisión desde sus
computadoras.
Los ensayos duraban una hora y media,
aveces dos horas. El coro de niños escuchó por primera vez el himno
de Roma. “Oh Roma eterna, de mártires y santos...” Para la
ocasión enviaron a un director de coros que les enseño las
entonaciones e hizo los arreglos para lograr la mejor voz de cada
integrante.
La primer hora era de canto
exclusivamente, y la media hora siguiente la maestra les enseñaba
quién era y por qué el Papa visitaba ese país.
Cuba era uno de los pocos, o tal vez
el único país del mundo al que fueron los tres últimos Papas. Juan
Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco. ¿Qué tiene Cuba que los
tres últimos líderes religiosos más importantes de occidente la
visitan?, preguntó la maestra.
“Mi abuela dice que Cuba es un
paraíso”, contestó Arian, “y entiendo que todos quieren conocer
el paraíso, yo también querría. Lo que no entiendo maestra es por
qué hay tantos que se han ido y otros que se quieren ir y no los
dejan”.
La maestra prefirió no contestar.

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