sábado, 26 de septiembre de 2015

CUANDO EMPIEZA EL OTOÑO, EL PAPA LLEGA A CUBA

Montevideo. Hèbert Dell'Onte Larrosa. Twitter 

En la escuela le dijeron que llegaría el Papa. No sabía quién era, o sí porque lo había visto por televisión cuando sus abuelos miran las noticias, pero ignoraba cuán importante era aquel hombre vestido de blanco y de gesto bondadoso que daba la impresión de que todo estaba bien.

La maestra dijo que a fines de setiembre, justo cuando empieza el otoño, el Papa llegaría a Cuba. Eso le pareció bueno. Aunque Cuba es un eterno verano, le gustaba el otoño, había aprendido a quererlo gracias a su abuela que recitaba de memoria cientos de poesías dedicadas a esa estación del año.

La maestra dijo también que el coro de esa escuela había sido designada por el propio Raúl Castro para cantar el himno del Vaticano, estado del que el Papa es su gobernante, y eso implicaba un compromiso para Arian porque era parte del coro escolar.

La noticia de la llegada del Papa revolucionó a la familia, especialmente a los abuelos de Arian, que en sus años de juventud habían sido bautizados, recibido la Primera Comunión y estudiado en un colegio jesuita luego cerrado por la Revolución y convertido en un hospedaje para estudiantes del interior que llegaban a La Habana para culminar sus carreras o perfeccionar sus conocimientos.

El Papa en Cuba. Foto de Cuba Debate
A sus padres en cambio lo que más le alegraba era que el propio Castro eligiera el coro de la escuela y que Arian, el menor de sus dos hijos, cantara en un acontecimiento para el cual Cuba entera se estaba preparando.

La alegría de la familia no tenía ningún perfil político ni reparaba en ningún proceso de apertura como se escuchaba a veces en las conversaciones informales. En los abuelos obedecía al renacer de una llamarada de fe adormecida que nunca se había apagado del todo.

Arian no entendía nada de reapertura ni fe, pero le parecía fabuloso cantar frene al presidente, el Papa y la televisión.

La maestra dijo que tenemos que ir fuera de hora para ensayar”, dijo el niño con emoción recibiendo el apoyo de sus padres y abuelos. “Tenemos que ensayar mucho porque tiene que salir bien, van a estar muchas personas importantes..., y dijo que nos verán en todo el mundo por televisión o Internet”.

La familia de Arian no conocía el Internet más que a la distancia. En Cuba la conexión es mala y cara, y esa combinación en un país pobre hace que sea fatal. Pero aquellos que tienen acceso podrían seguir la trasmisión desde sus computadoras.

Los ensayos duraban una hora y media, aveces dos horas. El coro de niños escuchó por primera vez el himno de Roma. “Oh Roma eterna, de mártires y santos...” Para la ocasión enviaron a un director de coros que les enseño las entonaciones e hizo los arreglos para lograr la mejor voz de cada integrante.

La primer hora era de canto exclusivamente, y la media hora siguiente la maestra les enseñaba quién era y por qué el Papa visitaba ese país.

Cuba era uno de los pocos, o tal vez el único país del mundo al que fueron los tres últimos Papas. Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco. ¿Qué tiene Cuba que los tres últimos líderes religiosos más importantes de occidente la visitan?, preguntó la maestra.

Mi abuela dice que Cuba es un paraíso”, contestó Arian, “y entiendo que todos quieren conocer el paraíso, yo también querría. Lo que no entiendo maestra es por qué hay tantos que se han ido y otros que se quieren ir y no los dejan”.

La maestra prefirió no contestar.

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