Recientemente el edil José Bruno de Tacuarembó,
perteneciente al Partido Nacional, dijo que en Uruguay “va a tener que venir
otra dictadura para que estos ‘sabandijas’ se terminen de una vez. La gente
está pidiendo a gritos que alguien ponga orden”. Las declaraciones del político
fueron hechas en radio Zorrilla de San Martín, pero lo más preocupante fue lo
que escribió al retractarse.
Luego el edil se retractó e intentó explicar sus
expresiones, dijo que cuando hizo tal declaración estaba enojado. “En la
calentura me acordé de lo que hicieron los militares en Dolores después del
tornado, que cuando nadie cuidaba se fueron a parar ahí y nadie más robó”,
sostuvo.
Agregó que “a la gente se le escapa el pedido de que
vengan los militares porque está desesperada. Piden que venga alguien a
salvarlos y es natural que pida que actúe el último recurso que son los
militares”.
Las afirmaciones del edil deben ser analizadas.
En primer lugar hay que decir que las dictaduras son
malas en sí mismas en cuanto implican limitar las libertades básicas de las
personas.
Segundo, las declaraciones de Bruno son contundentes: acá
“va a tener que venir otra dictadura”. En el párrafo citado no menciona a los
militares, pero sí lo hace cuando intenta explicar su grave desliz.
Su explicación fue que estaba enojado. “En la calentura
me acordé de lo que hicieron los militares en Dolores después del tornado, que
cuando nadie cuidaba se fueron a parar ahí y nadie más robó”, dijo, por lo que
queda claro que su expresión en radio Zorrilla apuntaba a una dictadura militar
del tipo que gobernó Uruguay hasta 1985.
En este punto hay que señalar que es tremendamente
injusto vincular la dictadura con los militares que trabajaron en la ciudad de
Dolores. Hace años que los militares de todas las ramas están trabajando para
limpiar su imagen de un estigma que arrastran desde hace mucho, y aquel
accionar tan positivo que tuvieron en la ciudad de Dolores y del que no nos
olvidamos, no es un ejemplo adecuado ni feliz porque los efectivos que
participaron en las tareas de apoyo a los doloreños muy lejos están de imponer los
criterios dictatoriales, sino brindar sustento y contención, cosa que hicieron
de muy buena manera y siguiendo disposiciones de sus mandos legítimos.
LO MÁS GRAVE: “LA GENTE PIDE QUE VENGAN LOS MILITARES”.
Pero lo más grave de los dichos del edil es su afirmación
de que la gente pide que vengan los militares, algo que escribió al
retractarse, o sea que no estaba enojado sino sereno y reflexivo.
Muchos medios de comunicación, blogs, políticos, comentaristas
y periodistas han centrado sus críticas a la defensa que el edil blanco hizo de
la dictadura militar, pero no han
advertido que en su carta de retractación está esa afirmación tan grave, la más
grave de todas.
“A la gente se le escapa el pedido de que vengan los
militares porque está desesperada. Piden que venga alguien a salvarlos”,
escribió.
La frase debe ser estudiada detenidamente y por separado
porque la indignación que causó Bruno con sus dichos en la emisora de
Tacuarembó no puede impedirnos ver que tal vez el dirigente político haya
captado que efectivamente la gente o un porcentaje de ella pida o quiera que
vuelva un régimen militar.
Si así fuera estamos ante un grave problema: el descreimiento
del sistema democrático. No perdamos de vista que la democracia se sustenta en
las convicciones de la gente, y si el pueblo no cree en la democracia, o si
comienza a cuestionarla generando simpatía por otro tipo de regímenes (en este
caso el dictatorial) el problema es grave de verdad.

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