El pueblo uruguayo está en las calles. Está de una forma
diferente al concepto tradicional de “salir a las calles”: no son grandes marchas
sino manifestaciones puntuales, por barrios, zonas, en lugares puntuales, con
los vecinos de zonas particulares, pero en definitiva, es el mismo pueblo en
las calles.
Son manifestaciones autoconvocadas, pacíficas, apolíticas,
pidiendo seguridad. Todos los días, en un barrio diferente de Montevideo o alguna
ciudad del interior se ven personas pidiendo seguridad, reclamando la presencia
policial, son como pequeños focos de un gran incendio que las autoridades
parecen ignorar porque al estar dispersos no constituyen peligro. Pero el
peligro ya está instalado y no son los vecinos que manifiestan sino los
delincuentes sobre los que esos vecinos reclaman.
A diferencia de otras épocas ya no cabe el argumento de que
se trata de una sensación fruto de la información exagerada de los medios de
comunicación, o que son números de la oposición política con intenciones
desestabilizadoras. Esta vez es el propio Ministerio del Interior el que
informa los números del desastre.
El Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad del
Ministerio del Interior informó que en los primeros seis meses de 2018 los
homicidios se dispararon 66,4 % respecto a igual período de 2017, las rapiñas
treparon 55,8 % y los hurtos 26,9 %. Verdaderamente un desastre.
Está claro que los indicadores dan la razón a quienes
reclaman más seguridad, nunca la sensación de inseguridad que invade al pueblo
fue tan contundentemente real.
Sin embargo quienes deben responder a esos reclamos no se
dan por aludidos y responden analizando los números y explicando las causas, pero
no ofreciendo soluciones. Esa falta de solución es aprovechada por la
delincuencia que sigue avanzando, hundiendo a la sociedad en una profunda indefensión,
descreimiento en el sistema de justicia, en las instituciones, en los
mecanismos sociales y democráticos de protección. Todo eso lleva al surgimiento
de acciones propias de sociedades salvajes como la autodefensa, o la justicia por
mano propia (que hemos visto recientemente en un explícito video) con la que se
traspasan los límites de la justicia y se genera un peligroso espiral violento
difícil de parar.
El pueblo está en las calles y debería ser escuchado,
antes de que todo sea peor.

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