lunes, 6 de agosto de 2018

El pueblo está en las calles, pero no lo escuchan


El pueblo uruguayo está en las calles. Está de una forma diferente al concepto tradicional de “salir a las calles”: no son grandes marchas sino manifestaciones puntuales, por barrios, zonas, en lugares puntuales, con los vecinos de zonas particulares, pero en definitiva, es el mismo pueblo en las calles.

Son manifestaciones autoconvocadas, pacíficas, apolíticas, pidiendo seguridad. Todos los días, en un barrio diferente de Montevideo o alguna ciudad del interior se ven personas pidiendo seguridad, reclamando la presencia policial, son como pequeños focos de un gran incendio que las autoridades parecen ignorar porque al estar dispersos no constituyen peligro. Pero el peligro ya está instalado y no son los vecinos que manifiestan sino los delincuentes sobre los que esos vecinos reclaman.

A diferencia de otras épocas ya no cabe el argumento de que se trata de una sensación fruto de la información exagerada de los medios de comunicación, o que son números de la oposición política con intenciones desestabilizadoras. Esta vez es el propio Ministerio del Interior el que informa los números del desastre.

El Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior informó que en los primeros seis meses de 2018 los homicidios se dispararon 66,4 % respecto a igual período de 2017, las rapiñas treparon 55,8 % y los hurtos 26,9 %. Verdaderamente un desastre.

Está claro que los indicadores dan la razón a quienes reclaman más seguridad, nunca la sensación de inseguridad que invade al pueblo fue tan contundentemente real.

Sin embargo quienes deben responder a esos reclamos no se dan por aludidos y responden analizando los números y explicando las causas, pero no ofreciendo soluciones. Esa falta de solución es aprovechada por la delincuencia que sigue avanzando, hundiendo a la sociedad en una profunda indefensión, descreimiento en el sistema de justicia, en las instituciones, en los mecanismos sociales y democráticos de protección. Todo eso lleva al surgimiento de acciones propias de sociedades salvajes como la autodefensa, o la justicia por mano propia (que hemos visto recientemente en un explícito video) con la que se traspasan los límites de la justicia y se genera un peligroso espiral violento difícil de parar.

El pueblo está en las calles y debería ser escuchado, antes de que todo sea peor.

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