El Frente Amplio está nervioso y se nota. Nervioso porque
ve que llegó la hora de renovar las principales líneas de dirigentes y no hay opciones
claras.
Por primera vez en muchos años el Frente Amplio asume que
el próximo escenario electoral no girará en torno al Dr. Tabaré Vázquez, el senador
José Mujica, ni el Cr. Danilo Astori aunque éste aún no descartó ser candidato.
Nadie duda de la necesidad del Frente Amplio de encontrar
una figura capaz de cumplir con el liderazgo aglutinante que estos tres
dirigentes han sabido cumplir a pesar de sus diferencias políticas, ideológicas
y de conducción política.
Claro que si uno revisa los nombres de los diferentes
actores políticos del Frente Amplio se encuentra con personas con capacidad de
liderazgo, el problema parece no ser ese sino que alguna de esas figuras sea
capaz resumir y representar las diferentes corrientes que conforman ese
conglomerado político.
El Frente Amplio no es un partido sino una coalición en
la que se encuentra de todo. Entre la polarización Asamblea Uruguay con Astori y
el Movimiento de Participación Popular con Mujica, hay una variedad muy amplia
de partidos y agrupaciones que suman más de 20. Cada uno con su perfil y sus
características hace a la fortaleza frenteamplista y todos contribuyeron para
que el Frente Amplio haya ganado el gobierno por tres veces consecutivas y con
mayorías parlamentarias, lo cual no es poco.
Ante la imposibilidad constitucional de que Dr. Vázquez
vuelva a ser candidato, la decisión de Mujica de tampoco presentarse en la
pugna electoral, y tal vez la también decisión negativa del Cr. Astori, el
Frente Amplio está en la imperiosa necesidad de encontrar a alguien que sea
capaz de representar a todas esas agrupaciones y partidos para mantener los
votos, pero además de volver a convocar a votantes de los partidos
tradicionales para que no vuelvan a sus posiciones partidarias primarias, y atraer
ciudadanos independientes o indecisos.
Por otra parte parece ser que en el Frente Amplio la
mayoría parlamentaria se toma como un valor intrínseco al acto de gobernar, por
lo tanto no se trata de encontrar a un candidato que gane, con eso no alcanza,
además de ganar debe lograr más del 50 % de los votos.
Es un desafío muy difícil que se ve agravado por el
desgaste de tantos años de gobierno. A todo eso se suma lo que algunos ven como
una necesidad ineludible: el aggiornamento ideológico.
Por todo eso el Frente Amplio tiene razones para estar
nervioso y se nota.

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