El 19 de julio fue una fecha especial para Nicaragua: ese
día se cumplieron 39 años de la Revolución Sandinista que encabezó Daniel
Ortega contra el último representante de la dinastía Somoza, pero también se
cumplieron tres meses de protestas contra ese mismo Ortega y cuya represión
suma casi 300 muertos.
Ese mismo Daniel Ortega que hace 39 años se consolidó
como un héroe libertador, salvador de su país y del pueblo de la dictadura del
momento, es el mismo que ahora mata a ese mismo pueblo y baña de sangre a ese
mismo país.
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| Años 70 Castro y Ortega enel registro de The Telegraph |
Toda esta situación que se está dando en el país caribeño
me recuerda mis años de juventud cuando aún era estudiante. Por entonces el
sandinismo era mostrado por sus defensores como un movimiento liberador y la
realidad es que pocos nos atrevíamos a decir lo contrario y vincularlo a ideologías
totalitarias, las mismas que exhibe hoy. Hacerlo nos exponía a la infundada
acusación de reaccionarios, fachos y no sé qué más, propia de quienes solo quieren
descalificar al mensajero y evitar el debate serio.
Hoy, tantos años después, veo como muchos de los que defendían
al Ortega revolucionario se han dado cuenta de que estaban equivocados y que no
por desterrar una dictadura lo hace poseedor de un proyecto plausible. Hay que
decirlo claro: la dictadura de Anastasio Somoza fue cruel y totalmente condenable,
pero el sandinismo nunca constituyó una opción democrática para Nicaragua.
SÓLO SE RESPIRA TENSIÓN.
Parece que lo peor está por venir. En las calles nicaragüenses
se respira mucha tensión y sólo un giro que por ahora aparece como imprevisto
podría cambiar el rumbo de creciente violencia.
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| Hoy, Ortega y su esposa Rosario Murillo (ElSalvador.com) |
Ese giro sólo lo puede dar el propio Daniel Ortega, como
presidente es el único que tiene los instrumentos de pacificación al alcance de
la mano. Está en él realizar un acto de grandeza capaz de recomponer al país,
pero difícilmente accederá a una cosa así ya que eso lo expone a perder el
poder del que se aferra.
Mientras tanto todos los demás actores sociales y
políticos no tienen otra opción que rendirse o resistir.


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