martes, 31 de julio de 2018

Uruguay salvaje

Cuando los ciudadanos honestos comienzan a comportarse de igual forma que delincuentes es porque estamos mal.


En las últimas horas los medios de comunicación y las redes sociales han difundido un video en el que un grupo de personas atrapan a un delincuente y antes de entregarlo a la Policía lo torturan sumergiéndolo en un arroyo y le propinan una brutal y violenta paliza.


Minutos antes el hombre, acompañado de una mujer, había cometido una rapiña en un comercio en la ciudad de Toledo (Canelones) llevándose la recaudación del día. En el proceso del hecho delictivo exhibió y amenazó al comerciante y a su hija con armas de fuego. Perpetrada la rapiña comenzó la huida en moto en tanto un móvil policial llegó rápidamente al lugar.

En su huida el conductor pierde el control del vehículo cayendo ambos, y debiendo continuar a pie, optando por esconderse en una cañada. La policía que hasta ese momento había actuado con eficacia detuvo a la mujer mientras que el hombre se arrojó al agua y efectuó disparos contra un grupo de vecinos que lo estaba persiguiendo. Finalmente  son los vecinos los que encuentran y detienen al hombre comenzando a pegarle de forma feroz causándole fractura de cráneo y la pérdida de un ojo, además de aplicarle el llamado submarino, una forma de tortura consistente en introducir la cabeza de la persona en el agua.

Cuando los vecinos consideraron que fue suficiente el castigo que infligieron al rapiñero lo entregaron a un funcionario policial allí presente. Todo se grabó en un video que fue difundido ampliamente.

El video muestra con total crudeza lo sucedido. El hombre ahora está hospitalizado y hasta el momento no ha podido ser indagado.


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Lo anterior explica el título de la nota y enciende todas las alertas sobre cómo estamos los uruguayos y en qué se está convirtiendo nuestro país.

Lo primero que se debe establecer es que en ninguna sociedad mínimamente ordenada y con valores de convivencia elementales, el delito puede ser tolerado ni bien visto. Los ciudadanos de bien rechazan todo acto deshonesto y por supuesto eso incluye cualquier tipo de comportamiento delictivo.

En segundo lugar, es la misma sociedad la que a través de la institucionalidad debe canalizar los mecanismos de justicia que previenen, combaten, reprimen y castigan a la delincuencia. Corresponde pues a la institucionalidad hacerse cargo de la seguridad de los ciudadanos mediante un sistema de leyes y disposiciones adecuadas para que la Policía y el Poder Judicial puedan actuar y garantizar esa seguridad. Lo contrario sería le ley de la selva.

Pero cuando uno o más de esos tres elementos (ley, Policía o Poder Judicial) fallan, la sociedad lo sufre. Y cuando esas fallas se extiende en el tiempo y genera enfrentamientos políticos y de gestión entre los jerarcas que encabezan las instituciones cuya naturaleza es combatir el delito, éste crece en su sentimiento de impunidad, se fortalece y multiplica su accionar. Eso es lo que los uruguayos hemos vivido en los últimos años.

Algunos con una visión más clara de lo que estaba sucediendo en el país lo denunciaron hace años, otros se fueron dando cuenta conforme la delincuencia creció, y ahora se llegó a un punto en el que la seguridad se ha convertido en un clamor.

Cada vez la gente expresa de forma más clara que no se siente segura. Lo dice en las redes, lo dicen en los medios de comunicación, lo dice a través de las casi diarias protestas en distintos barrios de Montevideo y zonas del país.

El ciudadano pasó de vivir con miedo a sentirse desprotegido, y cuando reclama no ve que sea escuchado. Se siente solo frente al número creciente de delincuentes que ya no solo lo roba, también lo mata.

Esa combinación de sentimientos hace que reaccione. Primero formando grupos o brigadas de vecinos alerta, haciendo la tarea que debería hacer la Policía: patrullando el barrio. Segundo capturando los delincuentes y entregándolos a la justicia. Tercero, aplicando la justicia por mano propia que fue lo que sucedió en Toledo.

Hay que ser claro y contundente en este punto. La justicia por mano propia es un delito. Además, como quedó demostrado en el hecho referido y sobre el cual todos han visto el video, el ser humano se salvajiza con extremada facilidad. Personas de bien, trabajadores, hombres y mujeres de familia, padres y madres que quieren educar a sus hijos de la mejor manera, hacen cosas que no creían capaces de hacer y que de haber pensado un minuto no lo hubieran hecho.

Pero claro, si todo el sistema de justicia funcionara como es debido, si los ciudadanos honestos y trabajadores se sintieran protegidos, si confiaran en las instituciones, nada de eso hubiera pasado.

Sería bueno que aquellos que tienen la responsabilidad de brindarnos seguridad tomaran nota de lo que pasó en Toledo y lo consideraran como un grito de desesperación, uno más, porque la delincuencia nos está arruinando como sociedad y comenzamos a exhibir lo peor de nosotros mismos.

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